La verdad es que hacía tiempo que no volvía de un congreso sintiéndome tan absolutamente saciado.
Saciado de hablar de lo que más me gusta, de vinos, de gastronomía y de turismo.
Saciado de encontrar gente estupenda con quien compartimos vivencias y experiencias.
Saciado de comer y beber productos exquisitos.
Y contento de haber aprendido
Feliz por haber conocido unos cuantos amigos, de aquellos que no se olvidan, y que de buen seguro, a partir de ahora, me los encontraré en todas partes.
Entusiasmado por el trato de la gente del Somontano, que se comportaron como excelentes anfitriones.
En conclusión, tres días intensos en mayúscula.
Y después de saborear el grato recuerdo que me ha dejado el congreso en la boca, me toca analizar el postgusto y la vía retronasal.
El primer matiz que le he notado a este congreso -en clave de vino-, es que no ha utilizado el valor de las variedades autóctonas. Últimamente, aparecen como churros congresos, jornadas, meetings y charlas entorno al enoturismo, pero todos, absolutamente todos ellos, son iguales. Mucho ponente estratega y consultor.
Pocos bodegueros. Nadie del mundo del travel. Y la gastronomía brillando por su ausencia. Y en cuanto a la cantidad de agentes complementarios, ese bouquet especial del territorio, pues está tan poco definido, que no apreciamos ni su sabor, ni notamos su participación.
Os confieso que cuando oigo hablar de enoturismo, hay momentos en que pienso que la gente va un poco piripi. No debemos perder de vista de que el vino es un recurso del territorio, y no al revés. Hemos de pensar siempre desde está perspectiva, y utilizar el vino como un eje conductor, tanto de patrimonio agroalimentario, como de la actividad económica.
La clave del éxito es siempre vincularse, es decir realizar acciones conjuntas, y maridar nuestro producto estrella, con todo lo comestible y lo no comestible.
Y hago este matiz, porque, después de oír algunas ponencias, parece que todo los otros recursos sean secundarios, y aquí es donde creo que nos equivocamos. Yo noto a faltar la participación de todos estos partners - restaurantes, wines bars, vinotecas, mercados municipales, delicatessen, alojamientos....- que tanto enriquecen nuestro producto y lo hacen posible. Vimos a pocos hoteleros, y no se habló de los alojamientos, ni del turismo rural como enodestinos.
Y en cuanto a los representantes de las ciudades del vino, quien sabe por dónde andarían... yo, iluso de mi, creía que vendrían a presentarnos; como estructurar producto en las ciudades del vino vinculado a la identidad del territorio.....
Me faltaron mesas redondas, puntos de encuentro con los dinamizadores de las rutas del vino, espacios donde compartir experiencias, hablar de los problemas y buscar acciones conjuntas.
La verdad es que este congreso ha sido como estos Cabernets y Chardonays que se elaboran actualmente en cualquier denominación vinícola: son buenos vinos, pero sin ninguna particularidad que los diferencie, sin ninguna característica que nos sorprenda, con poca personalidad, simplemente correctos
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