
Esta mañana leía que los fogones del esperado
Hotel Mandarín Oriental (Lujo destelleante) de Barcelona, en pleno paseo de Gracia, parece que van a ser dirigidos por Carme Ruscalleda, la señora del Sant Pau. Hace poco se rumoreaba que el mismísimo Alain Duchase iba a liderar esta cocina, pero parece que finalmente se impondrá la cocina catalana. Y yo me alegro. Soy una gran admiradora de la cocina francesa pero me gusta esta tendencia que estamos viviendo últimamente en Barcelona de ceder un lugar significativa a la olvidada cocina tradicional. A esta moda se ha sumado El Bouquet, compañero de Hotel del Evo; el Petit Comité de Fermi Puig y alguno más.
Desde el punto de vista turístico lo que empieza a resultar evidente es que el binomio gastronomía-hotel es incuestionable. Ambos elementos se refuerzan y se apoyan. La gastronomía luce en el escenario diferencial de un hotel, pero el establecimiento creo que aún se enriquece más. Un buen restaurante le aporta personalidad, atrae a un determinado segmento de clientes y genera vida urbana dentro del hotel. Además, la gastronomía abre las puertas de los hoteles al público local y creo que este maridaje sienta bien incluso a los huéspedes del establecimiento, que comienzan a vivir la vida de la ciudad incluso de puertas adentro.
Pues ¡Bienvenida! sea la Ruscalleda, a estos metros de Paseo de Gracia donde sin caminar mucho podemos encontrarnos los fogones de Fermi Puig, en el Drolma, el Restaurante del Majestic; la creatividad del Lasarte de Martín Berasategui en el Condes de Barcelona y los Roca al frente del Restaurante del Hotel Omm. En suma cuatro grandes hoteles para cuatro grandes restauradores.
Por cierto ¿éstos no tienen crisis? Porque baratos, lo que se dice baratos.... no son...
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