
Estos dias de incertidumbre estoy releyendo un libro que me impactó de joven y del cual creo podríamos extraer alguna idea para superar esta crisis: Del Paro al Ocio (Luis Racionero).
Os he hecho un extracto del primer capítulo espero lo disfruteis:
"El utilitarismo, según el cualel individuo debe comportarse lo siguiendo el máximo de utilidad medida en satisfacción material , y el pragamatismo , según el cual lo bueno es lo que funciona o lo eficaz, son ideologías tipicamente bárbaras y están en el trasfondo filosófico del capitalismo liberal formalizado por Adam Smith,….hay que decir que el sistema económico inventado por el puritanismo, y que ahora prevalece en Europa, es un sistema básicamente bárbaro. Todo lo cual no empece para que los mediterráneos, depositarios de la tradición humanista de medida y ocio, hayamos seguido entusiasticamente el modelo del crecimiento sin medida y de la sociedad de consumo.Los mediterráneos somos doblemente culpables de la actual crisis europea y del marasmo mundial, porque hemos abandonado la herencia secular del otium cum dignitate y la noción aristotélica de que el objetivo de la acción es la contemplación, el de la cantidad su transmutación en calidad, traicionando los ideales que debíamos mantener.
El actual sistema económico es barbaro porque sus valores y fines son distintos a los prevalentes en todas las culturas civilizadas que en el mundo han sido. En primer luga porque valora por encima de todo y pone como finalidad de vida el éxito medido en dinero: «Tanto tienes; tanto vales.». En culturas civilizadas, la riqueza ha sido sólo un medio para llegar al fin que es el ocio y la vida confortable para dedicarse a las aficiones personales. Él actual sistema bárbaro se ha parado en el medio, y ha sublimado el medio —la riqueza— al fin. En segundo lugar el objetivo de la actividad económica no es, en el actual sistema, la obra bien hecha tal como sino el máximo beneficio en dinero.
El éxito de una empresa no se evalúa por la calidad dé lo qué fabrica o la satisfacción que da a los consumidores, sino por los beneficios que muestra el balance a fin deaño. Es fácil que ocurra, y de hecho se da el caso con frecuencia, que el máximo beneficio se obtenga a base de fabricar cosas de baja calidad, de mal gusto, que polucionan y que se tienen que cambiar cada tres años. En tercer lugar, el actual sistema económico está basado en la competencia, que es el concepto .más bárbaro
de todos, pues es la traslación a la economía de,,la,ley de la jungla. El postulado de los economistas liberales ingleses y de sus ideólogos, los filósofos utilitaristas de la escuela de Bentham, es que si cada persona persigue su interés individual y compite con los demás, se producirá en el conjunto de la sociedad el máximo rendimiento del sistema económico.
La idea central de la filosofía utilitaria – que hay que fomentar la felicidad y abolir la infelicidad— es innegable ; el problema es compaginar las utilidades personales y que cada cual la maximice sin perjudicar a los demás. En este marco, el altruismo presupuesto por los utilitaristas no se da y el sistema degenera en una ley del mas fuerte aplicada al mercado.
Característico del actual sistema es su énfasis en la eficiencia productiva —producir lo máximo al mínimo coste – eliminando de la producción cualquier consideración-de estética, satisfacción en el trabajo, mejora en las condiciones de participación en el trabajo, mejora de calidad y duración en el producto.
El sistema es bárbaro porque, olvidando el lema griego «nada en exceso», incita a las personas a escalar, enriquecerse y consumir indefinidamente; a las empresas, a explotar recursos naturales, instalar fábricas y levantar edificios sin cesar, y al mundo a continuar aumentando su población, su producción y su polución sin límite. Tal es el sistema que hoy por hoy organiza la economía mundial. El protagonista de este sistema es el homo economicus, descrito en los manuales de economía como el sujeto racional que actúa en el mercado de competencia, busca maximizar su utilidad como consumidor y su beneficio como empresario. Es además, un hombre que prefiere acumular posesiones materiales a desarrollar en ocio creativo sus potencialidades físicas y mentales; que está dispuesto a producir objetos inútiles sin estética, y hasta dañinos, con tal de ganar mas que es individualista, egoísta, agresivo y competitivo, en vez de desinteresado, apacible y cooperativo; que toma al hombre como un medio en vez de un fin, y sacrifica la satisfacción en el trabajo a la eficacia productiva o la compensación monetaria; que prosigue, en fin, una carrera de enriquecimiento, y acumulación de éxitos, poder, prestigio y posesiones materiales, como si tales fuesen los objetivos vitales de una persona y las bases de su felicidad. Cada día resulta más claro que este homo ceconomicus la raza más peligrosa entre todas las aparecidas sobre la tierra y cabe preguntarse si habrá tiempo de civilizarlo antes de que provoque mayores males.
Tal vez sea recomendable una lectura oriental de Chiang-ZZu
“Por mor de seguridad contra ladrones cerramos nuestra propiedad con llave y baldón en cajas fuertes. Esto, entre propietarios, es de sentido común. Pero viene un ladrón prepotente, arrea con caja y todo, la pone sobre sus espaldas y su única preocupación es que no salte el cerrojo ni rompa el baldón. De modo que lo que el mundo llama previsión es sólo una manera de reunir, encajar y asegurar el botín para ladrones más audaces. ¿Quién, de entre los llamados habilidosos, no está gastando su vida en amasar fortuna para un ladrón mayor que él? Aquel que tiene una ley interior vive sosegadamente. Sus actos no son influenciados por la aprobación ni la crítica. Aquel cuya ley esta fuera de él, dirige su voluntad a lo que está fuera de su control, intentando extender su poder sobre objetos exteriores. Aquel que vive con sosiego tiene luz para guiarse en sus actos. Quien desea extender su control es un operario: mientras él cree superar a los demás, los otros le ven esforzándose, estirándose, poniéndose de puntillas. Cuando intenta extender su poder sobre objetos, los objetos le controlan a él. Quien es controlado por objetos pierde la posesión de sí mismo: si no se valora a sí mismo, ¿cómo podrá apreciar a los demá,s? Esta abandonado, no le queda nada: no hay arma mas mortal que la voluntad”
Creo que vale la pena reflexionar
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Etiquetas: Crisis, calidad, innovacion, sostenibilidad
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Una lectura que me ha parecido realmente conomovedora, ha sido como una bofetada.
Un escritor animando a la revolucion ciudada a una revolucion pacificica pero que nos quite la pereza de la mediocridad
Os lo adjunto por si quereis reflexionar sobre ello
Yque tenga que ser un venerable nonagenario francés prologado por otro no menos venerable nonagenario español quien tenga que animar a esta anestesiada sociedad a rebelarse con un pequeño panfleto que dice lo que todos sabemos, sin aportar mucho más que lo obvio, lo elemental, verdades manidas y consabidas que no se han renovado desde hace siglos porque las verdades son sin duda lo que mejor soporta el peso del tiempo... Eso sí debería darnos qué pensar. ¿Dónde están los grandes intelectuales de este país? ¿Dónde están sus voces y sus reclamos? ¿Por qué los autores mediáticos no aprovechan su capacidad de llegar al público en vez de escribir lo que, según sus editores, «el público demanda»?
Hay quien me tilda de autor de minorías. Otros, simplemente de cáustico. Lo acepto, sí. Pero los cáusticos, aunque para muchos seamos sinónimo de «pesados, incómodos y gruñones», no somos idiotas, solo cautos porque se nos dice que no es nuestro momento, que si nos quejamos no gustamos, que en tiempos de crisis hay que fomentar el optimismo y no el drama porque eso es lo que la gente quiere (fascinante la libertad con la que tantos utilizan el término gente a placer, como si las personas fueran un compacto informe que piensa, actúa, respira y reacciona en masa -cuando interesa que lo sean, claro-). No es verdad. El optimismo en tiempos de engaño no es una solución, sino un arma dirigida desde la ponzoña. Es anestesia perfectamente articulada. Es letal.
Antes de que la anestesia del falso optimismo nos adormezca del todo, alguien tiene que empezar a formular algún tipo de mensaje que cale de verdad. Alguien tiene que empezar a movilizar, sacar la primera barricada a la calle y hacerlo desde lo orgánico. Y aunque no hay héroes entre nosotros porque no sabemos cómo serlo ni desde dónde, es obligación de los que tenemos voz para hacerlo exigir que nos den a conocer a los culpables de lo que vivimos y obligarles a confesar los porqués, los para qué y los ahora qué. Hay que obligar a quien nos gobierna a que nos dé sus nombres para saber contra quién luchamos. Vivimos como cobardes, nos hemos convertido en la sociedad de la comodidad que espera a tener hambre para reaccionar, y los que nos gobiernan lo saben. Por eso se limitan a recortar. Recortan derechos, recortan partidas, recortan bienestar¿ y nos pasan la mano por el lomo al tiempo que nos dicen: «Tranquilos, no pasaréis hambre. Aquí estamos nosotros, velando por vuestra comida». Ese es el perfil del perfecto maltratador, y ese, su discurso: «Te corto las alas porque cuido de ti. Confía en que el daño que recibes de mí es mucho más dulce que el que puedas recibir de otros. Mira a tu alrededor y compara. Mira todo ese horror. Toda esa hambre».
Basta ya.
No, señores. No, señoras. La comida nos la ganamos a diario trabajando, nadie nos regala nada porque ustedes ya no cuidan de nosotros. Velan por otras cosas. Velan por el secretismo, velan por el no compromiso, velan por la anestesia de una sociedad que lleva demasiado tiempo atontada entre botellones de mensajes basura. Yo acuso a quienes gobiernan de maltrato. Os acuso de engaño, de indecencia y de falta de humanidad. Y acuso también a quienes codician el gobierno (físico, intelectual y moral de esta sociedad) de tener en tan poca estima a este pueblo como aquellos a los que anhelan sustituir. Acuso a los intelectuales de este país de vivir al amparo de la comodidad, de desunión, de haber abandonado sus puestos en la vanguardia para refugiarse en la burguesía de la formalidad más servil. Acuso a los medios de haber dado la mano a la mediocridad y de haber perdido la voz, cómplices también ellos en esta pobreza que se nos está comiendo a plazos. Acuso a la Iglesia de recibir dinero del mismo Estado al que boicotea, de desatender al necesitado, de pobre de espíritu, de machista, de insolidaria, de desintegradora y de farsante. Acuso a los casi cinco millones de parados de insolidarios por no haber salido ya a la calle y haber sacudido las bases de sindicatos cuyo lenguaje no se entiende porque no dice nada, de partidos políticos, de medios de comunicación, empresarios mangantes y falsos ERE.
¿Dónde está el frente común? ¿Dónde está la fuerza de un pueblo que tantos cambios ha provocado con su lucha, con su valor, con los pies sobre el asfalto, el pueblo que se planta cuando le pisotean el orgullo pretendiendo pagarle el silencio mes a mes con una pequeña limosna? ¿Dónde estamos los intelectuales en esta hora? ¿Debatiendo en prime-time en televisión? ¿Alimentando la basura y divulgando obviedades seudocientíficas que nos acomodan en este falso Estado del seudobienestar?
Vergüenza. Eso es lo que sentirá la historia cuando nos mire porque eso es lo que dice de nosotros el presente continuo. Y nuestros menores nos verán pequeños y mezquinos: no asustados, sino cobardes; no vacilantes, sino sumisos. No dormidos, sino inconscientes.
Yo acuso. Hoy. Ahora.
Es hora de salir y batallar. Pronto no habrá nada que perder. Entonces será demasiado tarde.
* Escritor.
http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/20110510/acuso/print...
Por si no lo veies esta extraido de aqui
http://www.wharton.universia.net/index.cfm?fa=viewArticle&id=20...
Hoy leia este articulo y creo que valia compartirlo con todos vosotros Que os aproveche ¡¡¡
Felicidad Interior Bruta: ¿El dinero da la felicidad?
"El que diga que el dinero no puede comprar la felicidad es porque no sabe dónde ir de compras". Éste es un texto que se puede leer en muchas pegatinas y camisetas. Pero, ¿cuál es exactamente la relación entre dinero y felicidad? Por un lado, la relación resulta obvia. Nadie puede negar que tener suficiente dinero para cubrir las necesidades básicas –alimentos, abrigo y vivienda- te hace más feliz, o al menos te libera del estrés que conlleva vivir bajo serias restricciones. Y cuanto más dinero tienes, más cosas que te proporcionan felicidad puedes comprar, ya sea el iPhone4, un coche nuevo o una bufanda de cachemir. Por otro lado, esos objetos materiales no suelen proporcionarnos la misma felicidad que, por ejemplo, pasar la mañana con tus hijos en la playa o mantener una buena conversación con un viejo amigo. "La relación entre dinero y felicidad es complicada", dice Ed Diener, profesor emérito de Psicología en la Universidad de Illinois, que investiga sobre temas de cuantificación de la felicidad. "A igualdad de condiciones, tener más dinero siempre va a ser bueno. Pero aunque el dinero te puede hacer más feliz hay cosas que introducen complejidad en dicha correlación". Efectivamente, tener más dinero nos hace más felices, pero la felicidad también depende de |
Hoy me han recomendado la lectura de esta contraportada de EL PAIS
Merece la pena su lectura, es otro de los sabios que no debieramos olvidar jamas
CLAUDI PÉREZ 31/12/2010
Los artistas y los sabios arden con una llama intensa que renueva todo lo que toca. A sus 93 años, José Luis Sampedro no malgasta ese fuego. Economista, escritor y sobre todo sabio y artista, Sampedro pasea por la playa de la Butibamba, en La Cala de Mijas (Málaga), y la conversación salta de la crisis a la literatura, y de ahí a la fe, la libertad -"¿Libertad de elegir? Vaya usted al mercado sin un duro en el bolsillo, a ver qué ocurre"-, la decadencia, la barbarie, el caos.
"Vivimos una época en la que sobran decibelios y estrépito; faltan gentes e ideas que iluminen y estorba tanto deslumbramiento", dice mientras apura la cerveza, ya sentado en la terraza del restaurante, justo antes de pasar a lo esencial: "Esto es un atentado contra los derechos humanos", torea divertido a la camarera señalando el efímero
plato de patatas fritas.
"Falta iluminación y metafísica y sobra deslumbramiento", dice el escritor
Sampedro ha sido un hombre fronterizo. Luchó en los dos lados de la Guerra Civil, movilizado por ambos bandos. Joven apolítico en una familia de orden, inicia su etapa adulta sin inquietudes sociales, pero la guerra, la posguerra, sus experiencias y sus estudios de economía le acaban situando del lado de los desfavorecidos: frente al poder. Su biografía abarca varias vidas: antes de ser escritor pasó casi 30 años
en un banco, del que salió sin saber una palabra de operaciones
bancarias: "Eso sí es talento". Eso y algunas de las agudezas que
asaetean un discurso demoledor, intenso pero también rápido y
desenfadado, entusiasta y a la vez seco, sincopado, jazzero. "El
capitalismo mal entendido es una forma amoral (inmoral a veces) de
barbarie". "Vivimos la decadencia del sistema, pero la historia no se
acaba. ¿Otro mundo es posible? No señor: otro mundo es seguro".
Con un humor y un apetito estupendos, reclama preguntas con la misma
voracidad que ataca el pescaíto frito. Frente a quienes con resignación o
con un mal disimulado entusiasmo hablan del capitalismo como el único
futuro posible a pesar de cualquier crisis (o precisamente por ellas,
por su capacidad de regeneración), Sampedro se pregunta sobre el fin del
sistema. Valora la hazaña del capitalismo, que fue capaz de desplazar
el poder de la tierra y la aristocracia al dinero y a la burguesía. Pero
habla de un nuevo feudalismo: "El sistema ha organizado un casino para
que ganen siempre los mismos. Estamos a las puertas de grandes
transformaciones -la tecnología, la genética, siguen avanzando, a veces
hacia una tecnobarbarie monstruosa- y sin embargo no sabemos cerrar
cicatrices enormes, desigualdades abisales. Hay larvadas carencias
severas que provocarán graves conflictos en menos de medio siglo",
avisa; "viene algo comparable a lo que hicieron los bárbaros con Roma".
La llamada invasión de los bárbaros resultó ser una operación quirúrgica
que abrió paso a nuevos escenarios. ¿Qué espera Sampedro? "Los
economistas y los políticos no parecen entender que son más importantes
las creencias que las verdades. La economía se ha revestido de ciencia;
la política, lo mismo. Y lo que falta es otra cosa: falta metafísica,
falta acabar con el atraso de las ciencias sociales"; y deja en el aire
un último consejo: "Ser quien se es", les dice como si nada a su mujer,
Olga, y al periodista mientras apura un vino dulce, convertidos ambos en
amigos de toda la vida desde hace un par de horas.
FUENTE : http://www.elpais.com/articulo/ultima/sistema/decadencia/historia/a...
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