
Hace algunos meses tuve la oportunidad de recorrer algunas de las bodegas de la D.O Madrid, hoy quiero compartir con vosotros mis impresiones.
"La Denominación de Origen Vinos de Madrid está ubicada en la parte sur y oeste de la Comunidad Autónoma. La zona de producción comprende 8.079,16 hectáreas y acoge a 43 bodegas y 2.546 viticultores. Se divide en tres subzonas muy diferenciadas y de gran tradición vitivinícola: Arganda, Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias. La uva que se cultiva varía en las diferentes zonas y las producciones que se obtienen son escasas pero de excelente calidad. Los vinos están elaborados a partir de una materia prima con las mejores características.
Desde que se aprobó la Denominación de Origen en 1990, la calidad de los Vinos de Madrid ha ido al alza. Muchas bodegas han apostado por la modernización y la calidad. En los últimos años han experimentado un espectacular incremento comercial. La comercialización de Vinos de Madrid ha pasado de los 50.000 botellas en sus inicios a los mas de 4,5 millones en la actualidad, de los cuales el 30% se venden el mercado exterior (fundamentalmente Alemania, Reino Unido y EEUU. En tan sólo dos años (del 2004 al 2006) las ventas totales al exterior han subido un 20% en valor representando cerca de los 2 millones de euros en el 2006. En poco más de una década han pasado de los vinos a granel a una denominación joven, distinta y de calidad, cuyos vinos compiten dentro y fuera de España. La calidad de las añadas ha mejorado en los últimos años y por primera vez en el 2001 la D.O. Vinos de Madrid consiguió una cosecha calificada de excelente. En los últimos cinco años Vinos de Madrid han obtenido un amplio reconocimiento en concursos nacionales e internacionales (mas de 70 premios conseguidos) y el sector han empezado a percatarse del potencial de suelos y elaboradores de la región."
Eso es lo que reza en algunos textos promocionales de la D.O. lo cierto es que hay que reconocer que la D.O, Madrid es una gran desconocida en nuestro país. A mi me sorprendieron sus vinos y la capacidad que han tenido los productores de conseguir nuevos mercados, cuando el que tenían mas próximo les ha dado la espalda.
Un punto fuerte es la proximidad a la capital, alguna bodega incluso puede ser visitada desplazándose en metro. No es la mas interesante, pero es sinceramente curioso y remarcable ver como algunas bodegas resisten al envite inexorable de la presión urbanística.
Sorprende el hecho de que los minifundios tan tradicionales en el interior de la meseta sean hoy un punto fuerte a destacar gracias a la agricultura ecológica que de forma tradicional se ha ido desarrollando en la comunidad sin más esfuerzo que el que ya se realizaba habitualmente cultivando las tierras.
El tamaño de las bodegas las hace poco adecuadas para la atención de colectivos, o son demasiado pequeñas o son tan grandes que atienden al visitante como un mal menor a su negocio. No todas son interesantes ni atractivas.
La calidad de los vinos así como las variedades de viña autóctonas es un descubrimiento que a buen seguro sorprenderá a la mayoría de los visitantes, en especial si son amantes de los vinos, pero esa calidad de momento es solo apreciada por el mercado extranjero que es quien esta consumiendo mayoritariamente estos caldos.
Las viñas salvo alguna excepción, están alejadas de la propia bodega, y eso a veces resta romanticismo a la visita. El tamaño de las bodegas limita las posibilidades aunque la amabilidad y la calidez con la que atienden y las ganas de dar a conocer su trabajo y su producto es un valor a resaltar de cara al turista. Desconozco si con el turista extranjero será igual, no se si los idiomas son un fuerte entre los que atiende las bodegas, debe serlo en los equipos comerciales pues venden gran parte de su producción al exterior. Muy pocos son profetas en su tierra, quizás por eso tengan un gran interés en comunicar con todo aquel que se molesta en visitarlos
Se pueden descubrir desde vinos de garaje hasta vinos de autor
No están demasiado bien señalizadas las localizaciones de las mismas, la profesionalidad a veces no es la que uno desearía pero el hecho de poder tener la proximidad con los productores y creadores de estos vinos, poder catar vinos que aun están por nacer directamente de las tinas o los depósitos, convivir con ellos y participar de su historia vital creo tuvo un valor realmente incalculable, descubrir pequeñas sorpresas en un territorio fagocitado por la gran urbe no deja de tener su encanto.
O al menos eso me pareció a mi.
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